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LAS OBRAS DE LA CARNE Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU

 

Por Juan Taveras de Oleo

LAS OBRAS DE LA CARNE Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU

Texto base: Gálatas 5:16-25

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
— Gálatas 5:16, RVR1960


La Biblia presenta una realidad que todo creyente debe comprender: dentro de la vida humana existe una lucha entre los deseos de la carne y la dirección del Espíritu.

El apóstol Pablo no presenta esta lucha como una teoría, sino como una realidad espiritual que afecta nuestras decisiones, pensamientos, relaciones y conducta.

La pregunta no es solamente: ¿soy cristiano?

La pregunta también es:

¿Qué está gobernando mi manera de vivir?

Porque una persona puede hablar de Dios y, al mismo tiempo, permitir que determinadas obras de la carne gobiernen su comportamiento.

Por eso Pablo dice:

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
— Gálatas 5:16

La vida cristiana no consiste únicamente en abandonar ciertas prácticas. También implica permitir que el Espíritu Santo produzca en nosotros un carácter diferente.

Pablo presenta dos evidencias claramente diferenciadas:

Las obras de la carne manifiestan lo que produce una vida dominada por los deseos desordenados.

El fruto del Espíritu manifiesta lo que comienza a producirse cuando una persona permite que el Espíritu Santo gobierne su vida.


1. ¿QUÉ SIGNIFICA “LA CARNE”?

Cuando Pablo habla de “carne” en este contexto, no está hablando simplemente del cuerpo físico.

La palabra se refiere a la naturaleza humana orientada hacia deseos y conductas contrarias a la voluntad de Dios.

La carne busca satisfacer sus propios deseos sin someterlos al gobierno de Dios.

Por eso Pablo declara:

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí...”
— Gálatas 5:17

Existe entonces una confrontación interna.

La carne dice:

“Haz lo que deseas.”

El Espíritu dice:

“Somete tus deseos a Dios.”

La carne busca satisfacción inmediata.

El Espíritu produce transformación progresiva.


2. LAS OBRAS DE LA CARNE

Pablo continúa diciendo:

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia...”
— Gálatas 5:19

Y continúa mencionando:

“idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas...”
— Gálatas 5:20-21

Es importante observar algo:

Pablo no dice solamente “la obra”, sino “las obras de la carne”.

La carne puede manifestarse de diferentes maneras.

Algunas son claramente visibles:

  • inmoralidad sexual;

  • borracheras;

  • violencia;

  • homicidio.

Pero otras pueden esconderse detrás de una apariencia religiosa:

  • celos;

  • enemistades;

  • contiendas;

  • orgullo;

  • divisiones;

  • envidia;

  • ira.

Por eso no debemos limitar el concepto de “obras de la carne” únicamente a los pecados sexuales.

Una persona puede no cometer adulterio y, sin embargo, vivir dominada por la ira, la envidia o la contienda.


3. LA CARNE TAMBIÉN SE MANIFIESTA EN LAS RELACIONES

Hay personas que dicen:

“Yo no hago nada malo.”

Pero constantemente provocan conflictos.

Pablo incluye entre las obras de la carne:

enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones y envidias.

Esto demuestra que la espiritualidad también se refleja en la manera en que tratamos a los demás.

No podemos decir que estamos creciendo espiritualmente mientras alimentamos constantemente:

  • resentimiento;

  • odio;

  • rivalidad;

  • orgullo;

  • deseo de venganza;

  • conflictos innecesarios.

La madurez espiritual también se observa en nuestras relaciones.


4. LAS OBRAS DE LA CARNE SON “OBRAS”

La palabra utilizada por Pablo es importante.

Las obras son acciones que una persona produce.

La carne produce comportamientos.

Cuando una persona alimenta constantemente determinados deseos, estos pueden convertirse en patrones de conducta.

Por eso el creyente debe preguntarse:

¿Qué estoy alimentando dentro de mí?

Porque aquello que alimentamos tiene influencia sobre aquello que terminamos produciendo.


5. ¿QUÉ ES EL FRUTO DEL ESPÍRITU?

Después de hablar de las obras de la carne, Pablo presenta una realidad completamente diferente:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe...”
— Gálatas 5:22

Y continúa:

“mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”
— Gálatas 5:23

Observe el contraste:

Obras de la carne.

Fruto del Espíritu.

Pablo no habla de múltiples “frutos”, sino de “el fruto del Espíritu”.

Esto nos permite entender que estas características forman parte de una vida transformada por la acción del Espíritu Santo.


6. EL FRUTO COMIENZA CON EL AMOR

Amor

El amor encabeza la lista.

El amor bíblico no es solamente una emoción.

Es una disposición del corazón que busca el bien del otro y que se expresa mediante acciones.

Jesús enseñó:

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
— Juan 13:35

El amor verdadero transforma la manera en que tratamos:

  • al cónyuge;

  • a los hijos;

  • a los hermanos;

  • a los compañeros;

  • a los enemigos.


7. GOZO

El gozo no depende exclusivamente de las circunstancias.

Una persona puede atravesar dificultades y, aun así, conservar una profunda confianza en Dios.

El gozo cristiano no significa negar el dolor.

Significa que el dolor no tiene la última palabra sobre nuestra esperanza.


8. PAZ

La paz del Espíritu no significa ausencia absoluta de problemas.

Significa aprender a descansar en Dios aun cuando existen circunstancias difíciles.

Jesús dijo:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.”
— Juan 14:27

El creyente puede enfrentar una tormenta sin permitir que la tormenta gobierne su corazón.


9. PACIENCIA

La paciencia es la capacidad de soportar procesos, personas y dificultades sin responder impulsivamente.

Aquí encontramos una diferencia importante.

La carne quiere:

“Ahora.”

El Espíritu enseña:

“Espera en Dios.”

La paciencia es una evidencia de crecimiento.


10. BENIGNIDAD Y BONDAD

La benignidad se relaciona con una disposición amable y considerada hacia los demás.

La bondad implica hacer aquello que es correcto y beneficioso.

No basta con evitar hacer el mal.

El Espíritu también nos mueve a hacer el bien.


11. FE

La fe aquí también puede expresar fidelidad y confiabilidad.

Una persona gobernada por el Espíritu aprende a ser:

  • fiel a Dios;

  • fiel a sus compromisos;

  • fiel en sus relaciones;

  • constante aun cuando nadie la está observando.

La fidelidad se demuestra especialmente cuando no existe una audiencia.


12. MANSEDUMBRE

La mansedumbre no significa debilidad.

Una persona mansa puede tener fuerza, pero aprende a controlar cómo utiliza esa fuerza.

La carne responde:

“Te voy a demostrar quién soy.”

La mansedumbre responde:

“No necesito destruirte para demostrar quién soy.”

La verdadera fortaleza también consiste en saber controlarse.


13. TEMPLANZA

La templanza es dominio propio.

Es la capacidad de gobernar los impulsos en lugar de permitir que los impulsos nos gobiernen.

Esto puede aplicarse a:

  • palabras;

  • emociones;

  • sexualidad;

  • alimentación;

  • dinero;

  • ira;

  • deseos;

  • decisiones.

Una persona puede tener deseos legítimos, pero no todo deseo legítimo debe convertirse automáticamente en una conducta.

El Espíritu Santo produce dominio propio.


14. LA DIFERENCIA ENTRE LAS OBRAS Y EL FRUTO

Existe una enseñanza profunda en las palabras de Pablo.

La carne produce obras.

El Espíritu produce fruto.

Las obras pueden ser realizadas deliberadamente y exteriormente.

Pero el fruto habla de un proceso de crecimiento.

Nadie planta un árbol hoy y exige frutos maduros inmediatamente.

Existe un proceso.

De la misma manera, la transformación espiritual requiere tiempo, obediencia, disciplina y comunión con Dios.


15. NO SE TRATA SOLAMENTE DE CAMBIAR CONDUCTAS

Una persona puede modificar temporalmente una conducta sin experimentar una transformación profunda.

Por ejemplo:

Puede dejar de hablar mal, pero continuar alimentando odio.

Puede dejar una práctica externa, pero conservar orgullo.

Puede cambiar determinadas palabras, pero continuar dominada por la ira.

El propósito del Espíritu Santo no es simplemente producir una apariencia religiosa.

Es transformar el carácter.

Pablo dice:

“Y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”
— Gálatas 5:24

La transformación comienza cuando dejamos de alimentar deliberadamente aquello que nos aleja de Dios.


16. ¿CÓMO SE PRODUCE EL FRUTO?

Pablo da la clave:

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
— Gálatas 5:25

Aquí aparecen dos conceptos:

Vivir por el Espíritu.

Andar por el Espíritu.

No se trata solamente de tener una experiencia espiritual.

Se trata de permitir que esa realidad gobierne nuestra vida cotidiana.

El Espíritu debe influir en:

  • lo que pensamos;

  • lo que hablamos;

  • lo que decidimos;

  • cómo reaccionamos;

  • cómo tratamos a los demás;

  • cómo manejamos nuestras tentaciones;

  • cómo enfrentamos los conflictos.


17. UNA PREGUNTA PARA EXAMINAR NUESTRO CORAZÓN

No solamente debemos preguntarnos:

¿Qué pecados he dejado?

También debemos preguntarnos:

¿Qué fruto está produciendo mi vida?

Porque una vida espiritual saludable no se mide únicamente por aquello que una persona dejó de hacer.

También se observa en aquello que comenzó a producir.

¿Hay más amor?

¿Hay más dominio propio?

¿Hay más paciencia?

¿Hay más paz?

¿Hay más humildad?

¿Hay más fidelidad?

¿Hay más capacidad para perdonar?

¿Hay mayor disposición para obedecer a Dios?

Estas preguntas pueden revelar mucho sobre nuestro crecimiento espiritual.


18. CARNE CONTRA ESPÍRITU: UNA BATALLA DIARIA

Gálatas 5 no presenta la vida cristiana como una ausencia de lucha.

Presenta una lucha que debe ser enfrentada.

El creyente no debe sorprenderse porque existan tentaciones.

La clave está en no permitir que la tentación se convierta en gobierno.

La tentación puede tocar la puerta.

Pero no estamos obligados a abrirla.

La madurez espiritual consiste también en aprender a decir:

“No todo lo que siento debo hacerlo.”


19. CONCLUSIÓN

Las obras de la carne y el fruto del Espíritu representan dos formas de vivir.

Una vida gobernada por los deseos de la carne termina produciendo comportamientos que destruyen relaciones, afectan el carácter y nos alejan de la voluntad de Dios.

Pero una vida sometida al Espíritu comienza a producir un carácter diferente.

La carne produce obras.
El Espíritu produce fruto.

La carne busca dominar.

El Espíritu transforma.

La carne alimenta el impulso.

El Espíritu produce dominio propio.

La carne divide.

El Espíritu produce amor.

La carne genera conflicto.

El Espíritu produce paz.

Por eso Pablo no dice simplemente:

“Eviten las obras de la carne.”

Dice:

“Andad en el Espíritu.”

Porque cuando aprendemos a caminar bajo la dirección del Espíritu Santo, nuestra vida comienza a mostrar aquello que Dios está haciendo en nuestro interior.

REFLEXIÓN FINAL

No preguntes solamente qué has dejado atrás. Pregunta qué está creciendo dentro de ti.

Porque el verdadero crecimiento espiritual no solamente se demuestra por los pecados que dejamos de practicar, sino también por el fruto que comenzamos a producir.

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
— Gálatas 5:25

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